Aplausos o abucheos: ¿Qué invadimos ahora?

Tras haber dedicado algún hueco al pasado de Michael Moore y más tarde a la película que le lanzó a la fama internacional, ¿por qué no fijarnos ahora en uno de sus trabajos más recientes? Es verdad que podríamos decir que “visto uno, vistos todos” pues las películas de Moore son esencialmente calcos unas de otras y como tales se definen por idénticas características, virtudes y defectos. Aquí, el orondo y ya francamente avejentado cineasta de Michigan se hace el siguiente planteamiento: los Estados Unidos son una mierda y lo único que se nos da medio bien es invadir otros países para apropiarnos de sus riquezas. ¿Por qué no invadir algunos de los pases más avanzados de Europa para quedarnos con los aspectos que mejor los representan? Por ejemplo: un sistema sanitario gratuito, un sistema carcelario humano, una educación exquisita, un consumo de drogas despenalizado… Así es como Moore, portando la bandera de las barras y estrellas, “invade” territorios como Alemania, Finlandia, Portugal e incluso Túnez, mostrado aquí como un modelo de transición democrática e integración de la mujer en un país musulmán. Curiosamente, la mayoría de estas muestras de gran desarrollo sociocultural son originarias de los propios Estados Unidos…

Ni que decir tiene que todo se viene abajo en cuanto raspamos un poco la superficie de un documental panfletario, maniqueo y hasta engañoso, claramente demostrativo del nivel cultural e intelectual de un país, los USA,  muy pagado de sí mismo en el fondo y muy dado a la ignorancia de pensar que “ahí fuera” sólo hay dragones con forma de terrorista islámico o arcadias felices donde los jefes de las empresas se desvelan para que sus empleados puedan follar a menudo y pasarlo de puta madre. Es el caso de Italia, del que se obvian sus graves problemas laborales que, con la crisis que no cesa, acarrean paro y una precariedad laboral crecientes. En Alemania el Holocausto se estudia a conciencia para no volver a repetirlo y hasta los jóvenes se muestran arrepentidos del nazismo que arraigó en sus abuelos, pero nada se dice del creciente auge de los partidos herederos del NSDAP entre buena parte de esos mismos jóvenes. Se llega a extremos tan sonrojantes como decir que Islandia es un lugar maravilloso gracias a que las mujeres han gobernado allí la mayor parte del tiempo desde que una de ellas fuese elegida como primera jefa ejecutiva de un país en el mundo, a finales de los años setenta, afirmando sin sonrojo que un mundo gobernado por mujeres sería mucho mejor, más igualitario y pacífico. Michael Moore demuestra no tener ni pajolera idea de quien fue Golda Meir, elegida primera ministra de Israel en 1969. También parece desconocer las figuras de Margaret Thatcher o Angela Merkel, cuya sola mención bastaría para dar la razón a quienes opinan que las mujeres deben permanecer encerradas en casa al cuidado de los hijos y fregando platos. Europa es retratada como una socialdemocracia de ensueño donde no existen los recortes ni el desprecio al ciudadano por parte de los lobbies que controlan el poder en la sombra, por citar sólo dos ejemplos en lo que no deja de ser un marasmo lleno de topicazos. Como el de los franceses y su gusto por la alta cocina, que les inculcan desde niños en el “cole”. Ridículo.

Imagen de uno de los numerosos McDonald´s de París. Cultivando el gusto por la buena cocina.

Así se explica un documental que hace uso y abuso de una fórmula gastada desde hace mucho, lo que explica que Moore haya pasado de respetado cineasta ganador del Óscar y la Palma de Oro (por una auténtica mierda, todo sea dicho) a bufón y arlequín, cada vez con menos seguidores. Porque el resto hace tiempo que le vio las costuras al personaje, un showman “progre” de manual con infinitas ansias de salir en la foto y mostrarnos sólo lo que a él le interesa para que nadie pueda rebatir sus tesis, sin hueco alguno para que el espectador pueda pensar por sí mismo y reflexionar. Esto es lo que hay y es así porque lo digo yo, punto. Al menos ¿Qué invadimos ahora? resulta entretenido. No aburre, pero no por eso deja de ser un compendio de monsergas que a estas alturas no cuela ni aun revestido de ese fino humor e ironía habituales en su autor.

Resultado: no hace falta decirlo.

Ficha en la IMDB.

 

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