Aplausos o abucheos: Pánico en el Transiberiano

La primera vez que vi Pánico en el Transiberiano fue nada menos que en el marco del mítico programa La Clave de José Luis Balbín. Sólo era un chaval, pero ya me estaba convirtiendo en un aficionado compulsivo al cine. No recuerdo a santo de qué se proyectó esta cinta en el programa ni el tema del debate que justificó su emisión, pero sí recuerdo que me pasé bastantes días padeciendo pesadillas en las que aparecían por doquier personas con los ojos rojos iluminando la oscuridad. Horrible, oigan, hasta el extremo de que pasó bastante tiempo cuando me atreví a volver a verla; en video desde luego, porque hablamos de una de esas que no se suelen reponer en TV por los motivos que sean.

Pánico en el Transiberiano es una “rara avis” del cine español, más dentro de la época en que se realizó: fue coproducida con capital británico por Bernard Gordon, antiguo guionista americano que emigró a Europa (primero a Francia y después a España) tras ser puesto en la tristemente famosa Lista Negra de Mc Carthy por su pertenencia al Partido Comunista, al que se había afiliado de joven. El bajo presupuesto no fue óbice para que se le pudiese echar el guante a tres auténticos pesos pesados del panorama cinematográfico de la época como eran Peter Cushing, Christopher Lee y Telly Savalas. El rodaje se llevó a cabo en unos estudios de Daganzo de Arriba (muy cerca de Madrid) y en localizaciones de Navacerrada, siendo español la mayor parte del equipo técnico y actoral. A Gordon le hacía mucha ilusión el proyecto e inicialmente incluso pensó en dirigirlo, pero los bártulos recayeron finalente en el desconocido (aunque veterano) Eugenio Martín, amigo del guionista Philip Yordan, quien a su vez también era amigo del propio Bernard Gordon (los tres ya habían colaborado en cintas anteriores como la paupérrima Pancho Villa de 1972). Por todo esto, pero sobre todo por la presencia de los tres actores antes nombrados, ya merece la pena echarle un tiento a este estofado. Y quién crea que aceptaron porque estaban en el ocaso de sus carreras y “no les salía nada mejor”, no tiene más que consultar esa maravillosa Biblia que es la IMDB para comprobar que todavía les quedaba cuerda.

“Nos engañaron y cuando nos dimos cuenta ya no teníamos escapatoria”.

Dejando a un lado este aspecto, Pánico en el Transiberiano es una cinta con tres tercios muy bien diferenciados. En los dos primeros resulta interesante. El planteamiento de inicio, si no original, al menos está bien llevado y tiene chispa, recordando a Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie pero con monstruo. Sin embargo, en el último tercio del metraje la película se desmadra de manera inexplicable, justo cuando aparece en escena un Telly Savalas completamente descontrolado. Como si se contagiase de alguna manera de su personaje, el invento se precipita hacia una convulsa sucesión de acontecimientos y despropósitos, y todo el castillo de naipes construido a lo largo de la hora anterior se viene abajo con estrépito. Da la impresión de que a la productora se le acababa el presupuesto (a pesar de estar reutilizando decorados y maquetas de Pancho Villa) y estaba en la obligación de terminar la película, como fuese y lo antes posible. Y es una pena porque, como ya he comentado, hasta ese momento el tinglado mantiene el tipo con dignidad y tanto Cushing como Lee, si no colosales, imponen respeto en pantalla. Pero no hay remedio; incluso los efectos especiales, hasta ese momento aceptables en relación al poco dinero disponible, se convierten en una sucesión de chapuzas: en la escena final, las maquetas “cantan” tanto que mi hermano y yo nos estuvimos partiendo de la risa un rato largo.

“¿Comorl? ¿Que me tengo que tomar siete de estos antes de rodar para interpretar al personaje de forma creíble?”

De todos modos, y pese a ese tercio final que la destruye casi por completo, Pánico en el Transiberiano tiene su interés. Como película de terror y misterio funciona a ratos, y como película española (o “medio española”, si alguien quiere verlo así) todavía está por encima de muchas pretendidas “obras maestras” que nos quieren vender, mal que les pese a algunos. Véansela y me cuentan.

Resultado: Como estar una hora bebiendo agua y luego pasar al speed con cafeína pura. Eso mismo.

Ficha en la IMDB.

(Este artículo fue publicado inicialmente por Leo Rojo en COMPUTER-AGE.NET el domingo 17 de junio de 2007 y se reedita con el permiso de su webmaster. Sirve también como homenaje a Christopher Lee, fallecido en junio de 2015 a los 93 años).

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