Aplausos o abucheos: Ted Bundy: Enamorada de un asesino

Miniserie documental producida por Amazon (disponible en su aplicación Prime Video) para competir directamente con el aclamado Las cintas de Ted Bundy de su rival Netflix.

Junto con Henry Lee Lucas, inspirador de la célebre Henry, retrato de un asesino, Ted Bundy es el asesino en serie más famoso de la historia criminal estadounidense. A partir de 1974 y hasta ser finalmente detenido, juzgado y condenado varios años más tarde, este aspirante a abogado y político republicano mató al menos a veinte mujeres. Eso según su propia confesión, pues existen indicios que lo incriminan en varios asesinatos mas y el número real no se sabrá nunca. Ya fuese defendiéndose a sí mismo o con ayuda de un letrado profesional, Bundy sacó rédito de la creciente atracción por el morbo de la opinión pública, espoleada por la televisión, para convertir en espectáculos sus comparecencias en los tribunales y convertirse él mismo en una glamurosa figura mediática.

Dividido en cinco entregas de tres cuartos de hora cada una y dirigido por una mujer, la principal característica de Ted Bundy: enamorarada de un asesino es que la mayoría de los testimonios que recoge son de mujeres. Destacando principalmente dos, puesto que el documental no lleva ese título por casualidad. Elizabeth Kendall fue la novia de Bundy durante años. Ella y su hija Molly (nacida de una relación anterior) jamás imaginaron la clase de hombre que era en realidad. Atento, considerado y cariñoso además de atractivo, estaban completamente prendadas de él hasta el punto de que Molly lo veía como al padre que nunca había tenido. Incluso tras ser implicado en múltiples crímenes, les costó admitir que aquel hombre tan adorable pudiese ser un asesino en serie de mujeres. No fueron las únicas: hubo muchas que no podían relacionar en modo alguno semejantes crímenes con la carismática figura del personaje, al punto de creer en su inocencia casi hasta el final.

Todo cambió conforme los testimonios, las pruebas y el propio comportamiento del acusado (llegó a fugarse de la cárcel, aprovechando para cometer asesinatos cada vez más atroces y descuidados) dejaron claro a todo el mundo con qué clase de individuo estaba tratando, aunque no pocos siguieron considerándole un ídolo a lo Charles Manson. La misma televisión que lo había encumbrado aprovechándose de sus espectadores giró en redondo su postura. Por supuesto sin abandonar el sensacionalismo, pero dirigiéndolo hacia otro sentido. Todo sea por el espectador. O por seguir manipulándole en beneficio propio, mejor dicho. Que a fin de cuentas es de lo que se trata: de obtener beneficios. Elizabeth y su hija tuvieron dificultades para rehacer sus vidas pese a llevar años alejadas de Bundy, y en en cuanto a la familia del criminal huelga decir que quedó destrozada. En la misma medida que las familias de las chicas a las que Bundy mató, cuando no más.

Los análisis sobre el tratamiento mediático del caso y sus consecuencias, condensados casi todos en el último capítulo, son lo mejor de esta obra junto al debate en torno a la pena de muerte, restituida en Estados Unidos en 1976 tras un largo periodo de abolición con la idea (eso decían sus defensores) de atajar la escalada de criminalidad que vivía el país. Bundy, uno de los primeros reos sentenciados a la máxima pena tras la restitución, fue finalmente ejecutado en la silla eléctrica en 1989 en medio de otro show mediático repugnante, y este documental plantea interesantes reflexiones sobre la verdadera utilidad de la pena capital usando los testimonios de familiares o amigos de las víctimas, que en casi todos los casos también son mujeres. Lejos de consolarles, aplicar la Ley del Talión, del ojo por ojo, no sirvió en absoluto para aliviar el sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos. Como tampoco alivió a la ex novia de Bundy, opuesta con firmeza a la pena de muerte.

Enamorada de un asesino es loable en su planteamiento básico, que busca dar protagonismo a las mujeres victimas del criminal por encima de este, permitiendo que puedan expresarse como nunca antes pudieron hacerlo. Y es conveniente recalcar de nuevo que sus víctimas no fueron solo las mujeres asesinadas (todas ellas estudiantes), sino también sus amigas, sus compañeras de clase o de fraternidad. Por no hablar de quienes compartieron su vida con Ted Bundy al punto de enamorarse ciegamente de él. Todas fueron, en mayor o menor medida, sus víctimas, y así las retrata el documental. Además conviene no olvidar el contexto dentro del cual tuvieron lugar los hechos: en aquella época las mujeres aún eran vistas como «el sexo débil» y necesitaban el permiso del marido para cosas tan simples como abrir una cuenta corriente. Incluso se les recomendaba no resistirse en caso de sufrir una agresión, para no empeorar las posibles consecuencias. Con el movimiento feminista empezando a organizarse tal como lo conocemos hoy, los actos de Bundy transmitían un mensaje muy violento sobre lo que suponía ser mujer.

Pero esta virtud se convierte también en defecto: al dedicar la mayor parte del metraje a glosar testimonios, Enamorarse de un asesino acaba haciéndose pesado por reiterativo, sensación acrecentada por el uso continuado de las mismas imágenes en numerosas secuencias. Una y otra vez. Paradójicamente, y en contra de las intenciones de la directora, se echa en falta una mayor inmersión en el personaje de Ted Bundy y su mente, sobre todo de cara a los espectadores que no son estadounidenses y que, en muchos casos, no saben quién fue este tiparraco. Porque deja la impresión de que un buen día se le cruzaron los cables, poco menos que de repente, y ahí empezó su carrera criminal. Este artículo del diario La Vanguardia desvela facetas del pasado de Bundy que ayudan a comprender mejor su retorcida personalidad y como ésta fue inclinándose hacia una deriva homicida. Algo que en el documental ni se atisba. Recordemos que dura cuatro horas en total, y si en tal circunstancia tienes que acabar buscando información en Internet para formarte una imagen completa del tema tratado, el problema (para la obra, se entiende) es grave.

En resumen, Ted Bundy: Enamorarse de un asesino dista mucho de ser un trabajo redondo pese a sus virtudes. Es interesante sobre todo por su enfoque feminista, pero nada más. Da la impresión de que podría haber quedado mucho mejor con otra planificación, especialmente de cara a reducir su excesivo metraje, sin por ello mitigar la fuerza del testimonio presentado por las mujeres que en él aparecen .

Resultado: mezcla de aplausos y abucheos.

Ficha en la IMDB.

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