Viendo: El cuarto protocolo

En su época de mayor popularidad durante los años setenta y ochenta del pasado siglo, parecía imposible que una novela de Frederick Forsyth no tuviese su correspondiente adaptación al cine. Ocurrió con Chacal, Odessa o Los perros de la guerra, así que no cabía esperar menos con El cuarto protocolo, lanzada en 1984 con tanto éxito como las demás. Hacía años que Forsyth era muy amigo del actor Michael Caine, al que habría querido ver protagonizando alguna de las cintas antes mencionadas pero siempre rechazaban por un motivo u otro. Para lograrlo esta vez, el novelista se convirtió en productor de un film que inicialmente iba a dirigir John Frankenheimer, hasta que dio la espantada siendo sustituido por otro John de apellido Mckenzie, más gris pero con todo lo bastante eficaz para sacar provecho de un guión adaptado (con ayudas) por el propio Forsyth. Buen reparto, encabezado como no por un Michael Caine excelente, y una absorbente trama de espionaje ambientada en plena Guerra Fría, conforman una película a la que se le notan ciertas lagunas especialmente argumentales, fruto de aligerar en exceso la novela, pero con todo sumamente entretenida.

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