Nolan, vendedor de drogas

O eso, (que Christopher Nolan vende drojas a la crítica), o no hay otra forma de entender idas de olla como esta del crítico Jordi Costa, sobre la última película del realizador británico:

 Christopher Nolan esculpe en la apabullante fisicidad de una experiencia cinematográfica inmersiva y sensorial (…) ¿Es Dunkerque, por lo que tiene de celebración de los lazos de una domesticidad solidaria consigo misma, el mito a invocar por los británicos a medida de los tiempos del Brexit? (…) Dunkerque supone, al mismo tiempo, una reafirmación de las esencias nolanianas y un radical desvío de lo que, con el tiempo, ha ido erigiéndose en uno de los más fastidiosos factores de sobrepeso de su poética.

Aquí pueden leer completo este disparate. En cuanto a la película, ni la he visto ni es que me muera de ganas por hacerlo, precisamente. Tampoco quiero entrar en discusiones con el fandom del señor Nolan porque resulta muy cansino. Es tan absurdo como hablarle a una pared blanca para convencerla de que se pinte a sí misma de negro. Allá ellos, pero si algo demuestran las frases anteriores es que cada día debo estar más orgulloso de mí mismo por no haber ejercido Periodismo y haberme dedicado a otros menesteres más provechosos. Sobre todo para no acabar así. El gran Frank Zappa ya vino a decir en su momento, más o menos, que los críticos son tipos que escriben sin saber escribir para gente sin saber leer. De eso hace ya décadas, y si hoy estuviese vivo me pregunto qué coño diría tras leer a Jordi Costa y a otros tantos como él. Seguramente afirmaría que esto ya no tiene remedio, y con razón.

Ah, y el título del post es puritito clickbait, por supuesto.

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