Esas manías de estrella

Terence Stamp es un mierda. Necesitaba dinero y, como lo quiso ocultar, vino con aires de gran señor. Lo tuvimos que cambiar del Castellana Hilton al Ritz porque los colores grises de la pared le deprimían. Eso ya demuestra su carácter.

(Juan Piquer Simón, a cuento del rodaje de Misterio en la isla de los monstruos).

Viendo: Halcones de la noche

Seguramente la película menos conocida en la ya extensa filmografía de Sylvester Stallone, al quedar encajonada entre los estrenos de Rocky II y la primera cinta de la saga Rambo, First Blood. Basándose en un guión previamente desechado para una tercera entrega de French Connection que nunca llegaría a filmarse, el guionista David Shaber construyó esta historia sobre un miembro de la Policía de Nueva York que ha de enfrentarse a un despiadado terrorista internacional apodado Wulfgar, inspirado en la figura de Illich Ramírez Sánchez e interpretado por Rutger Hauger en la que fue su primera incursión en el cine norteamericano. Tanto él como Sly aceptaron participar en este modesto trhiller de bajo presupuesto (sólo cinco millones de dólares) rechazando ofertas teóricamente mejores. Y no cometieron un error: si bien la película no es ninguna obra maestra, hizo su dinerillo y, parafraseando a Carlos Pumares, está maja en especial durante el arranque, entreteniendo lo bastante como para merecer un visionado. Llama la atención la poblada barba que luce Stallone, que junto a unas enormes gafas le otorgan un aspecto diferente al que estamos acostumbrados a verle. Y en el caso de la edición española su voz doblada por Carmelo García en lugar de Ricardo Solans, la habitual en muchas de sus películas.

Oyendo: The Deer Hunter (Stanley Myers)

Una de las películas más definitorias del cine y la sociedad norteamericanas de los años setenta fue sin duda El cazador. Con la traumática experiencia de Vietman recién concluida, Michael Cimino tuvo que afrontar toda clase de obstáculos para llevar a buen puerto este drama sobre tres amigos de un modesto pueblo de Pennsylvania que son enviados al culo del mundo a pegar tiros y matar gente por una causa absurda. El cazador se convertiría en la gran sorpresa de 1978, triunfando en los Oscar (ganó los correspondientes a Película, Director, Actor de Reparto, Montaje y Sonido, amén de otras cuatro nominaciones) y obteniendo toda clase de elogios tanto de la crítica como del público que acudió en masa a los cines para verla. En cuanto a la banda sonora, el tema principal, Cavatina, llegó a estar en el número 9 de las listas británicas y conocería multitud de versiones posteriores. Sin embargo no era en absoluto nuevo: originalmente compuesto para piano, se había utilizado con anterioridad en otras películas, pero el éxito de El cazador lo catapultó a la fama en una preciosa versión para guitarra interpretada por John Williams, un australiano sin nada que ver con el mítico compositor de E.T. o Indiana Jones que había estudiado con Andrés Segovia:

En cuanto al resto de la banda sonora, destaca por su corta duración, inferior a la media hora. La película apenas contiene ambientación musical porque no la necesita en absoluto, pero cuando hace acto de presencia contribuye de manera decisiva a reforzar el dramatismo de algunas escenas. Es el caso de la escena final, todo un ejercicio de mala leche con el elenco protagonista cantando a coro God Bless America en medio de un impresionante silencio.

Viendo: Aliens

Siete años se hizo esperar la secuela de Alien, pero cuando al fin llegó casi todo el mundo se convenció de que tanto esperar había valido la pena y más de uno (yo incluido) opina que por momentos está por encima de su precursora. Como suele ocurrir en cualquier expresión cultural (y el cine lo es), Aliens refleja el momento de la historia en que fue concebida: con Ronald Reagan sentado en el Despacho Oval y su “revolución conservadora” en pleno auge auspiciando Rambos, Amaneceres rojos y similares, Alien se transforma en una peli de Rambo con una chica haciendo el papel de Stallone y con los marcianos como vietcongs. No en vano el director James Cameron acababa de colaborar con Sly en el guión de First Blood Part II y en cierta manera algo se le quedó. Contra lo que cabría esperar a tenor del sin dios que fue el rodaje, marcado por las estrecheces económicas y el carácter autoritario del director, si el resultado final no pudiese calificarse de memorable estaría muy cerca de serlo. Cameron se tomó el proyecto muy en serio y sus numerosas aportaciones a la película acabarían por resultar vitales (entre otras muchas cosas, la idea de la reina alien y su diseño son enteramente suyos). Cada uno de los 18 millones de dólares del presupuesto final se ve en pantalla exprimido hasta el último centavo, y el montaje es sencillamente prodigioso: seis trajes de alien, SEIS, bastan y sobran para crear la ilusión de un imparable ejército de monstruos que arrasa Hadley´s Hope y amenaza con merendarse al pelotón de marines coloniales y a Ellen Ripley como si tal cosa.

Y si quieres más, aquí tienes el artículo sobre la banda sonora.

Viendo: Alien

Una de esas películas cuya revisión eventual es obligatoria para cualquiera que se considere aficionado al cine, y que casi no tendría ni que comentar: me bastaría con poner el acostumbrado “pantallazo” del televisor y pasar a otra cosa. Repasando su intrahistoria por enésima vez cuesta creer que un producto como este, concebido como una serie B de muy bajo presupuesto con la idea de aprovechar el éxito de Star Wars, quedase tan redondo. El mérito habría que atribuírselo principalmente a Gigier, a Moebius y a los guionistas antes que a Ridley Scott, contratado más que nada porque salía barato (su debut cinematográfico en Los duelistas había sido un fracaso) y porque su dilatada experiencia en publicidad le habilitaba para rodar a toda hostia con resultados aceptables, lo que siempre se traduce en menos gastos. Retitulada en España como Alien: el octavo pasajero, se convirtió casi de inmediato en un clásico que cuarenta años después de su estreno empieza a mostrar ciertos signos de vejez en la parcela técnica y conceptual, pero no así en las demás. Se mire como se mire continúa siendo un entretenimiento formidable.

Mc Star Wars Donald´s

La guerra de las galaxias barrió con todo. Lo que ocurrió con esa mierda se parece a lo que ocurrió con Mc Donald´s cuando se consolidó: la gente olvidó el sabor de la buena comida. Ahora estamos en un periodo de involución. Todo ha ido para atrás. Vamos hacia un enorme agujero que lo aspira todo.

(William Friedkin).

Viendo: El submarino (Das Boot)

Hace unos cuantos años tuve ocasión de conocer a alguien que había navegado en un sumergible alemán durante la Segunda Guerra Mundial y que idolatraba esta película por reflejar con notable exactitud la vida cotidiana en aquellos buques. Era bastante lógico, por cuanto su origen reside en una novela escrita por un antiguo corresponsal de la Kriegsmarine destinado en el auténtico U-96, el barco en el que sirven los protagonistas. Das Boot se concibió como un “producto dual”, cuyo formato de miniserie para la TV alemana podía adaptarse para su exhibición cinematográfica fuera del país. Filmada con un gasto de catorce millones de dólares, un pastizal en 1981, el éxito de la película superó todas las expectativas imaginables, alzándose como una de las más taquilleras del año a nivel mundial y acaparando seis nominaciones al Oscar, algo inaudito en una película extranjera y más con un argumento que recalcaba el heroísmo de las tripulaciones de submarinos nazis, susceptible de herir sensibilidades en un mundo que aún se lamía las heridas de la guerra. Al final no se llevó ningún premio, pero convertida casi de inmediato en un clásico abrió las puertas de Hollywood a su protagonista Jürgen Prochnow y al director Wolfgan Petersen. En 1997 se estrenó una nueva versión que recupera casi todo el metraje de la miniserie para una película que pasa de las dos horas y media iniciales a casi cuatro, pero que no pierde interés pese a centrarse más que la primera en la claustrofóbica (y muchas veces terrible) existencia a bordo de aquellas latas de sardinas.

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