Viendo: Camino a la perdición

La mejor película de Sam Medes, un realizador sobrevalorado tras el bombo del que fue objeto su ópera prima, American Beauty, y que no ha terminado dirigiendo filmes de la saga Bond (además de los malos) por casualidad. Aquí sin embargo acertó de lleno gracias a esta oscura y deprimente historia ambientada en la Gran Depresión, basada en un tebeo (eso que ahora se denomina «novela gráfica» para que un adulto pueda comprarlo sin avergonzarse de estar adquiriendo algo inicialmente destinado a chavales) y protagonizada por el matón de un clan mafioso irlandés al que interpreta Tom Hanks, en el que sería uno de sus últimos papeles realmente notables antes de pasar a una discreta penumbra que refleja la situación del cine mismo, incapaz ya de proporcionar papeles dignos a actores de su categoría.

El argumento, que fusila sin contemplaciones un manga japonés titulado El lobo solitario y su cachorro, cuenta la historia de Mike Sullivan, un hombre adusto quien vive ocultando a sus dos hijos pequeños cómo se gana la vida. Hasta que es traicionado por su jefe (un Paul Newman colosal, como era costumbre en él) y el hijo de este (un Daniel Craig tirando a flojo, como es costumbre en él), viéndose obligado a dejar todo atrás para salvar el pellejo al tiempo que no descarta la posibilidad de vengarse.

Reparto estelar (en el que conviene no olvidar la presencia de Jennifer Jason Leigh y el hoy olvidado Jude Law en papeles cortos pero trascendentales) excelentemente dirigido, así como una factura técnica impecable en la que destaca la fotografía de Conrad Hall, son las principales bazas de un largometraje que puede presumir de momentos casi maravillosos, pero que adolece también de otros que no lo son tanto y de un final bastante previsible y moralizante. Pese a estar lejos de ser la obra maestra con la que tantos críticos se pajearon, no por ello deja de ser recomendable. Mención aparte merece la espléndida banda sonora de Thomas Newman y su precioso tema inicial, Rock Island, 1931, que preside la muy bien filmada escena de los créditos iniciales.

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