Viendo: Código de silencio

Una de las mejores películas de Chuck Norris, que sin embargo acabó protagonizando de rebote: el guionista Michael Butler había pergeñado la historia en 1979 como continuación a las aventuras de Harry el Sucio, pero a Clint Eastwood, que ya había colaborado con él en Ruta Suicida, le pareció demasiado floja y la rechazó. Tras la negativa, el guión acumuló polvo en un estante hasta que alguien pensó aprovecharlo para resucitar la carrera cinematográfica de Kris Kristofferson, herida de muerte por culpa del monumental batacazo de La puerta del cielo. Pero le pareció que era demasiado violento y fue entonces cuando cayó en las manos de Norris y del director Andrew Davis, que se las arreglaron para sacarse de la manga “una de polis” bastante apañada para esas noches en las que apetece ver una película, pero tampoco complicarse la vida con un Kiarostami. Lo bastante como para que a Davis le diesen la oportunidad de dirigir a Schwarzenegger en su momento de mayor popularidad; una oportunidad que por desgracia acabó mal aunque no le impediría seguir progresando y convertir a Steven Seagal en una estrella. Siendo Código de silencio un beat´em all clásico de los ochenta con la acostumbrada guerra mafiosa de por medio y todo, el personaje que de verdad más mola es el del villano de la función, el hierático Luis Comacho interpretado por Henry Silva.

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