Viendo: El submarino (Das Boot)

Hace unos cuantos años tuve ocasión de conocer a alguien que había navegado en un sumergible alemán durante la Segunda Guerra Mundial y que idolatraba esta película por reflejar con notable exactitud la vida cotidiana en aquellos buques. Era bastante lógico, por cuanto su origen reside en una novela escrita por un antiguo corresponsal de la Kriegsmarine destinado en el auténtico U-96, el barco en el que sirven los protagonistas.

Das Boot se concibió como un “producto dual”, cuyo formato de miniserie para la TV alemana podía adaptarse para su exhibición cinematográfica fuera del país. Filmada con un gasto de catorce millones de dólares, un pastizal en 1981, el éxito de la película superó todas las expectativas imaginables, alzándose como una de las más taquilleras del año a nivel mundial y acaparando seis nominaciones al Oscar, algo inaudito en una película extranjera y más con un argumento que recalcaba el heroísmo de las tripulaciones de submarinos nazis, susceptible de herir sensibilidades en un mundo que aún se lamía las heridas de la guerra. Al final no se llevó ningún premio, pero convertida casi de inmediato en un clásico abrió las puertas de Hollywood a su protagonista Jürgen Prochnow y al director Wolfgan Petersen. En 1997 se estrenó una nueva versión que recupera casi todo el metraje de la miniserie para una película que pasa de las dos horas y media iniciales a casi cuatro, pero que no pierde interés pese a centrarse más que la primera en la claustrofóbica (y muchas veces terrible) existencia a bordo de aquellas latas de sardinas.

6 thoughts on “Viendo: El submarino (Das Boot)

  1. La vi en el cine cuando era chico y no me acuerdo de la trama pero sí que recuerdo lo impresionado que había quedado!!

    Tengo que volver a verla!

    1. Hostias, erratilla no: erratón, y muy grave. Lo peor es que antes de redactar había consultado la IMDB porque soy consciente de que los confundo… y eso no evitó que al final se me fuese la pinza. Lo corrijo ya.

    1. Sasto. El responsable del Batman más gayer de la historia, pero también de una de las películas más injustamente infravaloradas que recuerdo: Un día de furia.

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