Viendo: L.A. Confidential

La obra maestra del guionista Brian Helgeland y el director Curtis Hanson, lo que tampoco es decir mucho a la vista del resultado y la trayectoria de ambos. Su pretensión era homenajear al cine negro de los años cuarenta y cincuenta, un género completamente olvidado a finales del pasado siglo XX, y para ello recurrieron a un denso «tocho» escrito por el novelista James Ellroy que sinceramente me pareció un verdadero rollo cuando traté de leerlo. Ahí puede que resida el mayor mérito del tandem formado por Helgeland y Hanson, que escribieron el guión con la idea de mantener tan solo los mimbres de la obra original para simplificar su comprensión y adaptarla mejor al contexto de una película de dos horas, logro que también supieron valorar los académicos de Hollywood que les premiaron con un Óscar por su trabajo, aparte del que se llevó Kim Basinger por interpretar a la protagonista femenina de la cinta. Y bien podrían haber sido más de no haberse cruzado Titanic en su camino, pero el apoyo de no una sino DOS majors y su chequera, capaz de «seducir» incluso a la crítica más sesuda, pusieron el listón demasiado alto.

«YO soy el rey del mundo. Jódete, Curtis».

En resumen, haciendo así un guiño al trabajo de Curtis y Brian, L.A. Confidencial está bien pero tampoco sin exagerar. En su día, los productores hubieron de conformarse con los pajotes de la crítica ante una peli que no respondió en taquilla tanto como les hubiese gustado. Ellos no querían como protagonistas ni a Guy Pearce ni a Russell Crowe, que entonces eran dos pintamonas (el primero lo sigue siendo hoy, sin duda a su pesar) y encima australianos, con todo lo que ello implica tratándose de un país que nació como una prisión para los convictos británicos más peligrosos. O eso debieron pensar, pero el empeño del director y la inclusión en el reparto de un puñado de caras conocidas y con postín como Kevin Spacey o el gran James Cromwell les llevó finalmente a ceder, destacando la presencia de Danny de Vito en un papel muy alejado de la vis cómica por la que siempre se le ha conocido. Son estos secundarios quienes realmente sostienen la cinta frente a unos protagonistas que nunca han dejado de ser actores del montón. En particular Guy Pearce, con esa cara de maniquí y color semejante al de una paella mal condimentada que siempre me ha parecido tan rara.

A decir verdad, lo mejor de la película reside en la banda sonora que encabeza Jerry Goldsmith, rindiendo un magnífico tributo a esos clásicos del cine negro que L.A. Confidential pretende ensalzar, algo que no siempre consigue porque ni mucho menos es la obra de arte que se pretendió vender en su momento. Ni el trío protagonista ni el guión, que flojea en algunos tramos, están a la altura de tanto, pero al menos los secundarios y una trama interesante logran compensar la balanza.

No podía faltar un guiño a Kim Basinger y su palmito Photoshop versión 3.0.

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