Viendo: La fuga de Logan

En el año 2274 la Tierra ha sido finalmente devastada por la superpoblación, los abusos contra el medio ambiente y las guerras, de modo que los humanos supervivientes se ven obligados a vivir en ciudades protegidas del exterior mediante cúpulas. Gracias a la tecnología, sus habitantes, criados y desarrollados con ingeniería genética, llevan una existencia ociosa y placentera. Sin embargo, existe una pega: alcanzados los treinta años de edad, han de enfrentarse a la muerte en un ritual conocido como “El carrusel” mediante el cual, y según la creencia, las personas tienen ocasión de renacer. Abandonar las ciudades está prohibido y los llamados “vigilantes”, una suerte de policías, son los encargados de evitar cualquier intento de fuga. En este mundo falsamente idílico e impersonal, donde los individuos llevan un número como apellido, Logan 5 es un vigilante que un día descubre un extraño amuleto en el cuerpo de un hombre al que él y su compañero han dado muerte cuando intentaba huir. Acudiendo a la supercomputadora que gobierna la ciudad en busca de respuestas, esta desvela a Logan su significado y le ordena que localice y destruya su fuente de procedencia. Deberá hacerlo en secreto, haciéndose pasar por un fugado.

Inicialmente, Logan´s Run fue una novela publicada en 1967; otra de tantas que recogían el temor de la gente a que los avances tecnológicos experimentados durante esa época convirtiesen a la Humanidad en esclava de su propio progreso. La idea de llevarla al cine anduvo dando tumbos por Hollywood durante años, pasando de mano en mano hasta que la MGM decidió asumir el reto. Pero sin arriesgar, concibiéndola como una película de presupuesto relativamente bajo filmada íntegramente en localizaciones de Texas y con actores británicos encabezando el reparto, para reducir costes. Por ese mismo motivo, David Zelag Goldman (guionista de la mítica Perros de paja) cambió sustancialmente la historia para que discurriese en un entorno postapocalíptico.

Así y todo, hubo suficiente para que los responsables de dos apartados vitales en esta clase de saraos, como son los decorados y los efectos especiales, pudiesen lucirse. Si tenemos en cuenta el año de producción (1976) y la ya mentada modestia presupuestaria, tanto unos como otros tienen bastante buena pinta. En especial los primeros, de una factura excelente. En cuanto a la película propiamente dicha, pues no está mal. Claramente dividida en dos partes, la primera es sustancialmente mejor. Una vez Logan materializa su fuga, el ritmo y la diversión decaen considerablemente y la película se hace algo pesada. A destacar la presencia de Peter Ustinov y Farrah Fawcett-Majors en papeles secundarios. También la del gran Jerry Goldsmith, que para la ocasión despachó una arriesgada partitura de aire futurista. Ya en su momento debió sonar muy raruna, por lo que no sorprende que hoy nos chirríe una barbaridad. Considerada un pequeño clásico de la ciencia ficción, la buena acogida de La fuga de Logan motivó la apresurada gestación de una serie de TV, que sólo aguantó en antena una temporada.

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