Viendo: La visita que no tocó el timbre

El legendario Mario Camus realizó una de sus primeras incursiones en el cine con esta inocente y bienintencionada comedia, basada en una obra teatral del dramaturgo y periodista Joaquín Calvo Sotelo. Dos pesos pesados del cine español, Alberto Closas y José Luis López Vázquez, interpretan a una improbable pareja de hermanos que vive en un piso heredado de su difunta madre. La plácida y ordenada (aunque anodina) existencia de ambos dará un vuelco inesperado cuando una mañana, dispuestos ya para acudir a su trabajo como grises funcionarios de aduanas, se encuentren a un bebé que alguien les ha dejado en la puerta.

Alberto Closas ya había actuado sobre los escenarios en la obra original de Sotelo, estrenada con tanto éxito que hasta conoció una versión cinematográfica de nacionalidad mexicana, filmada once años antes que la que nos ocupa. Los cineastas aztecas no serían los únicos inspirados por la historia: muchos años después se estrenaría en Francia Tres hombres y un biberón, que a su vez sería objeto de una versión estadounidense protagonizada por Tom Selleck y su bigotón bajo la dirección del señor Spock.

En cuanto a la película de Camus, si bien no resulta demasiado brillante, al menos tiene a su favor un tándem protagonista de Division de Honor. Eso sí: mejor Alberto Closas (un actor como la copa de un pino) que José Luis López Vázquez, al que ya entonces se le notaba su tendencia a hacer de José Luis López Vázquez, con esos ademanes y voces tan característicos suyos. Camus decidió respetar el carácter teatral de la obra en su traslado al cine y por ello rodó la película casi totalmente en un solo escenario: la casa de los hermanos recreada a base de decorados en un estudio. Y logró un magnífico resultado. Aunque La visita que no tocó el timbre no se libra de la moralina habitualmente presente en la cinematografía franquista, su visionado resulta agradable, no carece de momentos divertidos, y tampoco elude criticar (con tibieza, no obstante) a la ultraconservadora sociedad española de la época, donde ser madre soltera era equiparable a la peor de las condenas.

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