Viendo: The Doors

La última gran película de Oliver Stone junto a JFK, y hasta hoy la más injustamente infravalorada de su carrera (tal vez fue eso lo que me permitió adquirirla hace años a precio de saldo). El realizador neoyorquino hizo honor a la fama de polémico y tocapelotas que se había ganado en los años 80 y The Doors generó controversia desde el principio, siendo recibida con notoria división de opiniones entre los fans del grupo (especialmente entre los de Jim Morrison, puesto aquí a la altura del betún), el público en general y los críticos. Ray Manzarek la abominó sin contemplaciones diciendo de ella que era “horrible”. La película acabó siendo un fracaso, pero no es óbice para reconocer sus virtudes. Reavivó el interés por una banda que había permanecido en el olvido durante años y Val Kilmer está espléndido en el papel de Morrison, seguido de cerca por Kyle Mc Lachlan y Kathleen Quinlan. Más allá de la biografía de un grupo de rock (y más concretamente de su excéntrico líder), The Doors ofrece un interesante retrato de una época irrepetible, quizás la última de la historia contemporánea en que la sociedad occidental tuvo una oportunidad auténtica de cambiar a mejor. Por desgracia, no fue así.

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