Película de 1970, germen para una famosa saga englobada en el llamado “cine de catástrofes” que viviría un momento dulce en los años 70. Sin embargo, conviene puntualizar un par de detalles: el primero es que la saga como tal no nace hasta 1975, y lo hace a raíz del descomunal éxito de La aventura del Poseidón y El coloso en llamas. El segundo es que Aeropuerto no es una “peli de catástrofes” porque en realidad la trama no sigue todos los cánones adscritos al género, claramente definidos en largometrajes posteriores, ni existe la catástrofe que justificaría plenamente su inclusión en el mismo. Hay reparto coral encabezado por estrellas en busca de cheque, pero sus tribulaciones en poco o nada se parecen a las de una cinta de catástrofes al uso, y tenemos un perfecto happy end a resultas del cual no muere nadie exceptuando el presunto “villano”: un suicida que, ya muy cercana la conclusión del filme, detona una bomba a bordo del avión en que viaja, pero sin causar daños críticos.

Dadas estas particularidades, destripar la película de esta forma se antoja necesario, como también lo es situarla en el contexto de su época. Aeropuerto se basó en una novela homónima publicada en 1968 aprovechando una coyuntura muy particular: entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, los Estados Unidos controlaron nada menos que el 50% de la economía mundial, lo que abrigó el nacimiento de una numerosa y próspera clase media con muy alto nivel de vida. Dado el enorme tamaño del país, el transporte aéreo resultaba ideal para cubrir las necesidades de desplazamiento de una ciudadanía con mucho dinero para gastar, y los avances registrados en el campo de la aviación militar trasladados luego a la vida civil se ocuparon del resto. Lo único que hizo el autor de la novela fue reflejar la edad dorada vivida entonces por la aviación comercial, con su pros y contras, haciéndose eco de algún hecho verídico ocurrido en el pasado para darle al asunto el necesario toque de dramatismo.

Con estos datos en la mano, no sorprende el arrollador éxito de la película en su país natal, donde habiendo costado 10 millones de dólares recaudó nada menos que 100. Contrasten esa cifra con los sólo 30 recaudados en el resto del mundo. Dirigida por uno de esos tipos “con oficio”, más conocido entonces por su faceta de guionista, y con música de Alfred Newman, padre de Thomas Newman y autor de la mítica fanfarria que presenta las películas de 20th Century Fox, Aeropuerto se ve hoy formalmente vieja (esos planos divididos…) y con tanta trama, subtrama y personajes mezclándose entre ellas, acaba haciéndose dispersa y demasiado larga, aunque no es confusa porque en el fondo todo es tan simple como el mecanismo de un botijo. El paso del tiempo la ha convertido antes que nada en una curiosidad y como tal debe ser vista, debidamente contextualizada, dentro de lo cual resulta interesante fijarse en cómo son tratadas las relaciones amorosas, en consonancia con los libertarios años 60. Más allá, poco o nada.

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