Si les nombro a Edward James Olmos probablemente muchos de ustedes no sabrán a quién me estoy refiriendo. Pero si les digo que ese hombre fue quien interpretó a Gaff en la mítica Blade Runner, a buen seguro la cosa cambia. Sin embargo aquella película había cosechado un enorme fracaso en el momento de estrenarse, y durante los años ochenta fueron sus apariciones interpretando al teniente Castillo en la teleserie Corrupción en Miami las que le hicieron mundialmente famoso, llegando a ser premiado con un Globo de Oro y un Emmy.

Fue esa fama, unida al impulso experimentado por el cine independiente desde los últimos años ochenta pero en especial durante los primeros noventa, lo que permitiría que Olmos pudiese aspirar a empresas más elevadas como actor, director y productor, facetas estas dos últimas en las que debutó con American Me, que narra la vida (casi toda ella entre rejas) de uno de los fundadores y líderes de La Eme, la mafia mexicana de Estados Unidos. Aunque el personaje y sus vivencias eran ficticios, al estar supuestamente basados en hechos reales la verdadera Eme no se tomó la película demasiado a bien y reaccionó asesinando a alguno de los antiguos mafiosos que habían asesorado a Olmos en el rodaje, llegando este último a ser objeto de un intento de extorsión. Afortunadamente el culpable fue descubierto, apresado y juzgado.

Película hoy casi olvidada, fue filmada enteramente en localizaciones de Los Ángeles y San Francisco y en dos cárceles auténticas: las de Chino y principalmente Folsom, ambas también en California. En la última con ayuda de los propios internos, a los que Olmos sabía tratar porque participa activamente en programas de reinserción de presos y otras causas benéficas para ayudar a colectivos marginales. American Me gozó de buena acogida entre crítica y público, poniendo así la guinda a un sueño que Olmos estuvo persiguiendo durante casi veinte años tras leer por primera vez el guión de esta truculenta historia, que lo es hasta cuando no parece que vaya a serlo. Algo que provoca que el visionado acabe resultando “difícil” según su propio director y cabeza de cartel. Bien trabajada por los actores (a Edward James Olmos se le notan las tablas sobre los escenarios teatrales, que a punto estuvieron de reportarle un Premio Tony), American Me hay que verla obligatoriamente en V.O. para no perderse el llamativo slang que define a los personajes principales, imposible de imitar con el doblaje.

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