Singular coproducción japo-hongkonesa de 1977 basada en el veterano manga Golgo 13 (arrancó en 1968 y todavía hoy se publica), que no es sino la secuela de una película filmada también en régimen de coproducción en este caso con Irán (¡), estrenada cuatro años antes con Ken Takakura como protagonista, quien muchos años más tarde alcanzaría la fama internacional gracias a Ridley Scott. En esta nueva coproducción, Takakura cedió el testigo al recientemente fallecido Sonny Chiba como el personaje que da nombre a la historia, un enigmático asesino a sueldo conocido como “Golgo 13” en referencia al lugar donde Jesucristo murió crucificado y que jamás falla un solo disparo. Esta especie de reverso tenebroso de James Bond a la japonesa es contratado por un capo estadounidense de la droga para que se cargue a un socio hongkonés que le ha estado estafando, pero en su camino se cruza la policía de la (entonces) colonia británica, que persigue detener al criminal y también a Golgo 13 al mismo tiempo.

Cinta de acción sin complejos, con hechuras que delatan su origen y que no se anda por las ramas: el tinglado se ventila en apenas noventa minutos, suficientes para un película algo cutre por culpa de su escaso presupuesto, pero que resulta lo bastante entretenida como para merecer un vistazo. Tal vez su mayor virtud se encuentre en la posibilidad de deleitarse con la fascinante estética de la atestada Hong Kong de los años setenta y su demencial urbanismo.

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