En 2014 La muerte consagró definitivamente a Robin Williams, actor ya famoso con anterioridad pero con una carrera en el cine que, analizada fríamente y con sensatez, da bastante grima por la cantidad de medianías que aglutina, cuando no de malas películas. Y es que Williams ya había empezado debutando con mal pie en la superproducción de 1980 Popeye, que fue un rotundo fracaso, y cuando por fin alcanzó el estrellato lo hizo a base de repetir el mismo papel como en Despertares, El Club de los Poetas Muertos o esta Good Morning Vietnam, que vino primero y fue, gracias a su éxito (o por culpa de él), la que le condujo a un cierto encasillamiento que, no obstante, acabaría reportándole un Oscar años después.

Amparada en la moda surgida tras el éxito de Platoon, que auspició una avalancha de películas ambientadas en la Guerra de Vietnam, aquí Tito Robin da vida a un singular locutor de radio que trabaja para la Fuerza Aérea estadounidense y llega a Saigón con el encargo de animar a las tropas durante el punto álgido de la guerra, pero sus métodos poco ortodoxos le harán chocar de inmediato con los estirados militares que dirigen la emisora donde trabaja y provocarán un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles. ¿A nadie le resulta familiar? Pues eso, lo que significa que podremos ver a Robin Williams en su salsa, haciendo lo que mejor sabe y que la peli, pese al tufo a Disney que despide (ellos producen, y se nota) está bien, es entretenida y en ocasiones resulta hasta graciosa por la mordaz vis cómica de su protagonista, basado en un personaje real. A destacar la presencia de otro futuro oscarizado, Forest Whittaker, repitiendo vestido de uniforme en un papel secundario como poco antes había hecho en… Platoon.

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