La descripción más adecuada que podría hacerse sobre este largometraje documental, que puede verse en Netflix, es que resulta el complemento ideal para el libro autobiográfico publicado por Keith Richards unos años atrás. Lo mejor es que Under the Influence deja completamente a un lado los aspectos más sórdidos del personaje y los Stones (sobradamente conocidos y que a estas alturas no aportan nada excepto morbo barato) para centrarse en la música, que en el caso de Richards y su banda hunde sus raíces en el blues de tipos como Muddy Waters e incluso Robert Johnson, más tarde evolucionado por gente como Chuck Berry hasta dar forma al verdadero rock and roll, y “adaptado” en última instancia por Elvis con el fin de que resultase aceptable para los jóvenes blancos del baby boom posterior a la Segunda Guerra Mundial, integrantes de una pujante clase media con los bolsillos repletos de dólares alrededor de los cuales se crearía una industria discográfica multimillonaria.

Porque al final, señoras y señores, todo es dinero. Y en ese sentido los Stones, con Mick Jagger al frente, han sabido estar al quite durante décadas para consolidarse como una empresa cuyo valor trasciende lo musical, aunque ninguno olvide sus orígenes. Es lo que nos enseña Keith Richards aquí, convertido en un simpático abuelete al que se la pela todo porque para empezar está forrado, pero que es y será siempre un músico que disfruta con lo que hace y, de paso, nos hace disfrutar también a nosotros durante noventa minutos que dejan un poso agradable.

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