Con ustedes la película de John Carpenter. Por supuesto no se trata de decir que sea la única película dirigida por él ni tampoco la única buena, pero sí “la película”. Porque fue la que le lanzó al estrellato, y a día de hoy continúa siendo la más taquillera y rentable de su ya extensa filmografía.

No voy a entrar en detalles porque para eso está Internet, llena hasta los topes de artículos prolijos en historias y anécdotas sobre un filme que, visto hoy, resulta claramente ingenuo comparándolo con el cine equivalente que se hace en la actualidad, tanto que La noche de Halloween podría considerarse como un largometraje de suspense antes que de terror propiamente dicho: casi todo él va de Jamie Lee Curtis experimentando canguelo y neurosis al sentirse continuamente vigilada sin saber por quién, hasta que la violencia se desata definitivamente en la escena final. 10 – 15 minutos de slasher (y tampoco muy sangriento que digamos) contra el resto.

A la película se le nota la falta de medios (con lo que costó hacerla hoy no podrías ni rodar el vídeo de una comunión), pero también el buen oficio de su director para salir del paso con lo que tiene y hacer un trabajo decente. De igual modo, tampoco podían faltar esas gilipolleces que tanto distinguen esta clase de productos: ¿cómo es posible que Mike Myers se fugue del manicomio de alta seguridad en el que está recluido utilizando un coche como si tal cosa? ¿Dónde narices aprendió a conducir si se supone que ha permanecido allí desde que era niño? ¿Por correspondencia, tal vez?

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