Una de las obras capitales en la trayectoria cinematográfica del inefable Stephen King. Entiéndase esto como “traslación de sus novelas al cine”, dado que evidentemente el prolífico escritor no dirigió la película aunque sí disfrutase de un control bastante amplio de la producción, llevada a cabo con el visto bueno de la Paramount y los medios justos, luego de que la idea de llevar al cine la novela original anduviese zascandileando por Hollywood durante años. Y parecía que así seguiría durante unos años más, pero una huelga de guionistas serviría para darle el impulso definitivo hacia la luz verde.

Además de escribir el guión, King pudo hasta dar su beneplácito a la realizadora elegida inicialmente por Paramount para dirigir el cotarro, Mary Lambert, manteniendo con ella una relación de asesoramiento bastante estrecha a lo largo de todo el rodaje. Sin ser ni mucho menos una gran película, algo en lo que la crítica estuvo de acuerdo unánimemente, Pet Sematary obtuvo una repercusión enorme justo cuando se decía que la gente empezaba a estar harta de ver adaptaciones al cine de las novelas de Stephen King, casi omnipresente en el género de terror durante toda la década de los ochenta.

Presupuestada en once millones de dólares, la cinta recaudó más de cien en todo el mundo y animó a la producción de una secuela estrenada tres años más tarde con la misma directora a los mandos, quien certificó su mediocridad cosechando un fiasco como una catedral. Lambert, que había empezado su carrera dirigiendo algunos de los primeros videoclips de Madonna, acabaría en producciones de The Asylum tan atrayentes como Megapitón Vs Gatoroide, y con eso está dicho todo. Aún así es de justicia reconocer que la principal aportación de Pet Semetary a la cultura popular es cosa suya: buena amiga de los Ramones, se puso en contacto con ellos para ver si les apetecería escribir una canción que diese empaque a la banda sonora, compuesta en su mayor parte por un casi debutante Elliot Goldenthal. Los Ramones aceptaron y como suele decirse, el resto es historia:

En cuanto a la película pues se deja ver sin más, aunque muchas escenas parecen alargadas artificialmente para extender la función. Los de la Paramount también lo notaron y pidieron recortar el primer montaje, pero curiosamente también pidieron alargar el final para hacerlo menos ambiguo que el inicialmente previsto. Entre el cast repleto de medianías, que incluye al propio Stephen King en un cameo, destaca la presencia del imponente Herman Munster, alias Fred Gwynne. Actor eminentemente cómico, la Paramount no le quería por considerarle encasillado, pero finalmente cedió a las insistencias de Mary Lambert, que contaba con el apoyo del tito Stephen. Gwynne les correspondió ofreciendo el mejor trabajo de todo el reparto.

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