Producción danesa sobre la épica victoria de su equipo nacional de fútbol en la Eurocopa disputada en Suecia durante el verano de 1992, a la que se llegó de rebote. Dinamarca no se había clasificado para disputarla, pero las sanciones impuestas a Yugoslavia por la Guerra de los Balcanes motivaron su expulsión inmediata del torneo cuando apenas faltaban unos días antes de comenzar a disputarse. Para cubrir la plaza vacante la UEFA llamó a los daneses, que habían sido eliminados por Yugoslavia en la fase de clasificación y ya sólo pensaban en irse de vacaciones. Nadie dentro o fuera del país daba un duro por el equipo, y hasta los propios jugadores daban por sentado que perderían sus tres partidos de primera ronda y se irían a casa sin más. En vez de eso, lo que pasó fue uno de los episodios más increíbles en la historia del fútbol moderno: Dinamarca terminaría conquistando el trofeo de campeón, además a lo grande tras imponerse nada menos que a Holanda (defensora del título) en semifinales y a Alemania (campeona del mundo) en la final.

Más que centrarse en el relato de aquella gesta, Verano del 92 lo hace en la figura del seleccionador Richard Møller Nielsen, que había llegado al cargo como último recurso porque todos los posibles candidatos se habían caído de la lista y nadie en la federación confiaba en él. Durante la la fase de clasificación para la Euro fue muy cuestionado por su estilo de juego, diametralmente opuesto al de la “Dinamita Roja” que había hecho famoso al combinado nacional danés en los años ochenta, y tras no alcanzar el objetivo de clasificarse estaba despedido. La sorprendente llamada de última hora para jugar el campeonato hizo que le repescasen y le permitió redimirse hasta acabar convertido en una leyenda de su país. En el máximo responsable del único título internacional logrado por su selección de fútbol en un deporte que allí no es religión como en otros países europeos, pero tampoco se queda lejos de serlo.

Precisamente la historia sobre las tribulaciones y padecimientos de Nielsen y la interpretación que hace de él Ulrich Thomsen son lo mejor de una película a la que se le notan muchas carencias a nivel de medios y presupuesto, evidenciadas especialmente por la forma de rodar los partidos: mucho plano corto sobre los futbolistas – actores, rodaje siempre en el mismo estadio e inserción de numerosas imágenes reales hacen evidente que allí no hay muchas coronas para gastar. Aparte queda la estomagante exaltación nacionalista (ojo con los daneses, que serán nórdicos pero no son ni mucho menos tan liberales o tolerantes como se les supone), incluyendo hasta una interpretación completa de su himno para una película que más bien parece un telefilme de sobremesa y en conjunto resulta perfectamente olvidable.

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